REMAR CON LUNA LLENA: UNA EXPERIENCIA TAN MAGICA COMO REAL

¿No te pasa que hay días que se hacen eternos, que el laburo te agota o discutiste con alguien y estirás el mal humor como un chicle? Y ¿no te pasa que esos días sólo querés llegar a tu casa, tirarte en tu cama y simplemente no pensar en nada? Uno de esos “malos días” estaba a punto de desparramarme en el sillón y prender la tele, cuando mi hermana me invitó a sumarme a una salida en kayak poco convencional: “vamos a remar de noche en medio del río y con luna llena”. A pesar de lo cansada que me sentía, no lo dudé; me puse un short, una remera y un par de ojotas y salimos rumbo a Wind Experience.

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Ya en el bajo de San Isidro y sintiendo el pasto húmedo entre los pies descalzos, el stress del día comenzaba, de a poco, a desaparecer. El atardecer naranja sobre el río, los últimos pájaros de la tarde, la buena onda de los instructores de WE y las sonrisas del grupo remero, me entusiasmaron enseguida.

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Después de conocer al equipo, de escuchar atentos las indicaciones, de ajustarnos los chalecos y de sonreír todos juntos (¡remos en alto!) para la foto de la partida, ya estábamos listos para comenzar esta aventura río adentro.

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La sensación de comenzar a remar entre el agua calma y avanzar en dirección a un horizonte en donde, en medio de la oscuridad, se confunden el río y el cielo, es algo que vale la pena vivir y no solamente una vez en la vida sino ¡todos los años! El mejor momento fue cuando una luna enorme y amarilla comenzó a asomarse justo enfrente nuestro; no parecía real y sin embargo era un pedazo de esta naturaleza increíble de la que somos parte.

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En el tramo final improvisamos una carrera hasta la última boya y algunos valientes se animaron a la prenda de intercambio de kayak ¡y lo lograron secos y salvos! Los brazos y el cuerpo pasan factura del esfuerzo físico, pero tengo que admitir que es un cansancio que se siente súper bien y te genera una inyección de adrenalina y buen humor instantánea.

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La vuelta la hicimos más relajados y cada uno a su ritmo, lo que me dio lugar a disfrutar de ese momento tan especial, a conectarme con la mística de la noche en medio del río, a escuchar el sonido de los grillos de fondo y los remos acariciando el agua fresca, a enamorarme del reflejo de la luna en cada remada y a agradecer, con una sonrisa enorme, la alegría de estar viva.

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