EMBAJADORES DE VIAJE
Laura Moñino “El hacer es el nuevo descansar.”
Spot preferido?
Me cuesta elegir uno. Uno de los muchos spots preferidos podría ser Kanaha Park, en Maui porque combina condiciones inmejorables de viento, playa, agua, un parque maravilloso y muchos amigos. Además de Laguna Garzón, por supuesto.
Un atardecer único que viviste y aún lo sentís presente?
Fue frente a mi casa actual en La Juanita, caía el Sol sobre el espejo de agua de la Laguna de José Ignacio con muchos colores diferentes, hasta un rayo vertical verde/naranja; estábamos con Charles, el gato Aku y Thor mi perro adorado. Otro muy intenso fue en Ho’okipa, Maui, estábamos surfeando con un grupo de amigos y vimos caer el sol y salir la luna al mismo tiempo -sobre los horizontes opuestos, o sea en faz de luna llena.
El mejor viento que navegaste?
Creo que no puedo limitarme a uno solo … recuerdo en particular un día en Laguna Garzón hace mucho tiempo. Éramos 4 o 5 tablas de windsurf, paramos en la península de arena a descansar y mirar a la maravilla de la naturaleza. Una de las primeras veces que yo navegaba en la laguna y fue un amor a primera vista que hasta hoy continúa.
Tú equipo de windsurf por excelencia?
Mi Maui Proyect con 4,7 mt y mi kite 8 mt con TT.
Cuál es el último sello en tu pasaporte?
Fortaleza, Brasil.
Quién te inspira?
Mi madre, por su sabiduría. Y las personas con capacidad de resolver problemas (propios y ajenos) con tranquilidad y naturalidad, sin pedir nada a cambio.
Qué tirarías al océano en una caja cerrada?
Las tristezas, enojos y malos tragos.
Hay cosas colgando en las paredes de tu cuarto?
Cuadros, pareos, collares, espejo y libros.
Qué llevas con vos a todos lados?
La sonrisa y mirada atenta.
Qué te da piel de gallina?
Las emociones fuertes.
A qué le tenes miedo?
A la fuerza indomable de la naturaleza y a no poder ayudar a quien lo necesite.

El cartel –el hacer es el nuevo descansar– le da la bienvenida a todos los alumnos que se acercan a la escuela, que hace 25 años, Laura lidera a orillas de la Laguna Garzón en Punta del Este. La edad se torna un tanto efímera y sin-sentido cuando alguien atesora más de 40 años de experiencia, 40 años desplegando magia arriba de una tabla de windsurf y otros 20 años desde que aprendió a disfrutar el kitesurf. Son 40 años de pasión, aventuras y puro corazón sobre el agua.

Oriunda de Avellaneda, se recibe de ingeniera agrónoma y practica equitación. Pareciera el comienzo de una historia completamente diferente pero los caminos de la vida son siempre un misterio. Su vínculo con el agua comienza de la mano de uno de los baluartes de la náutica local, Horacio Nino. Héroe silencioso que la introduce al mundo de la náutica, mundo que la atrapa para no dejarla ir. Su primer contacto con el windsurf es un tanto fortuito aunque acertado. La agencia para la cual trabajaba desarrollaba el lanzamiento de una importante marca de jeans en Argentina. El windsurf fue el gatillo publicitario, momento en el cual los windsurfistas que participaban del evento le enseñaron las nociones básicas. ‘Me dieron la tabla y de repente … me fui navegando.’ Esto sucedió hace sólo 40 años y lo recuerda con frescura y corazón. En esos momento no había escuelas donde uno se capacitaba para ser instructor, sino que uno aprendía la pedagogía de enseñanza simplemente, enseñando. Su primera alumna -y gran amiga- Irene fue quien le abrió los ojos ante una nueva profesión: instructora.

Ser subcampeona de windsurf en Argentina y llegar a la Laguna Garzón no fueron cosas que sucedieron espontáneamente. La historia comienza con un tráiler repleto de equipos de windsurf y caminos de tierra. De provincia en provincia Laura iba dando clases y plantando las semillas del windsurf a lo largo y ancho del país –la primera instructora itinerante. Luego se asienta en el ex Club Obras Públicas y desarrolla su primera escuela de windsurf. Mientras tanto, Puerto Tablas estaba siendo construido y la seducen para que se mude. Durante los próximos 6 años se convierte en la madre del windsurf en el Bajo de San Isidro. Ya el siguiente capítulo se escribiría entre Uruguay y Hawaii … primero desembarcando en José Ignacio, donde es nuevamente pionera y monta su escuela. Años más tarde se anima a ir por más y apuesta a la Laguna Garzón.

Durante 20 años se divierte haciendo temporadas entre Punta del Este y Mauii –una vida de ensueño para muchos de nosotros. Fue en el año 2010 cuando idea y lleva adelante la construcción de la posada Halelau, otorgando una experiencia sin igual en donde confluye el windsurf, kitesurf y la hospitalidad de Laura, una marca registrada para Punta del Este que se termina convirtiendo en su hogar.

No es fácil resumir una vida que merece un libro en unas pocas palabras. Simplemente Laura es windsurf en su más pura esencia. Estuvo allí cuando ningún otro lo estaba y es un honor tenerla hoy como embajadora WE para aquellos destinos que sólo reciben a los mejores.